miércoles, 1 de enero de 2014

Reglamentaciones para la productividad y liberalismo para la especulación

Las leyes son el recurso que necesitamos para coexistir cuando nos falla el sentido común y el respeto a los derechos y libertades de los demás.

Cuando el ser humano se comporta como se suele comportar, es decir mirándose al ombligo preguntándose que le apetece y como lo va ha conseguir sin reparar en consecuencias, entonces necesitamos leyes, abogados, jueces y policías para que no nos matemos más de lo justo. 

Desde el poder político se crean leyes para facilitarnos la convivencia, para que los avispados no abusen demasiado de los que sólo piensan en trabajar y vivir en paz y armonía.

Pero lo que suele ocurrir es que una excesiva reglamentación sirve para controlar a todo el mundo menos a la élite gobernante como podemos comprobar gracias a la crisis.

Excesiva reglamentación que en vez de facilitar la la convivencia la desequilibra, en vez de facilitar la actividad económica la ahoga, la actividad económica de base, la que generó una clase media que ahora está en peligro, una clase de pequeñas empresas y autónomos acorralados de burocracia, licencias y vistos buenos de inspecciones sin discreción, ni discernimiento.

Excesiva reglamentación que contrasta con las desregulaciones a las grandes empresas y a la economía financiera y especulativa. La liberación de los mercados financieros volatilizan el dinero de todos y el estrangulamiento de la economía productiva impide generar riqueza y empleo.

Dos varas de medir; desregulación y exenciones para los grandes para que no se vayan a otro país y más regulaciones a la empresa productiva local que es la que sostiene el sistema.

Se suele decir que cuando a alguien se ve en un cargo político lo primero que se pregunta es "que voy a prohibir". Es como una carrera para que el nombre de uno quede plasmado en la autoría de alguna ley, orden, normativa, ordenanza, circular, etc..

Intentar abrir una empresa o un negocio propio es misión imposible, primero porque los bancos no nos van a dar crédito, segundo porque cumplir todas las normativas existentes y pagar todos los impuestos convierte cualquier proyecto en inviable y tercero porque la economía está en parálisis.

Un llamamiento a los políticos y banqueros:
Por favor no pongan más barreras a la gente que intenta moverse, mejorar su vida, y que necesita hacer algo para llevar comida a casa.
Cerquen y vigilen a la economía especulativa, incentiven y mimem a la economía productiva.
Piensen en el egoísta inteligente que se comporta como un altruista, puede que no facilite la vida a los demás por empatía, lo hará por su visión de futuro, el beneficio a corto plazo suele traer pan para hoy y nada para el mañana.
El altruismo no es un signo de debilidad es signo de inteligencia.

Que el Sentido Común guíe en las decisiones políticas y económicas.

José E. Hueso 

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