jueves, 4 de septiembre de 2014

Caldo de cultivo

Dejar que la población pase hambre, dejar que le quiten la casa a la gente por unas pocas mensualidades impagadas, no dar posibilidad de empleo, ni de autoempleo por una burocracia diseñada para quitar la actividad en las calles. Es crear un caldo de cultivo en el que se pierde la esperanza en el sistema. No se ve solución en la política y en la democracia, entonces el pueblo busca alternativas, lo ideal seria que las alternativas estuvieran marcadas por la buena voluntad, por las buenas formas, buenos métodos y aun mejores fines. Sería lo ideal, pero la realidad la configura la gente, y son los valores de la gente los que crean la realidad. Si un empleado va al trabajo, no para realizar una buena tarea, sino para estar pendiente de hacer lo mínimo esperando la hora de la salida, no esperemos que el empleador este pensando en hacer la vida más fácil al empleado. Si nos llevamos de la oficina unos materiales para casa, no nos extrañe que el empresario y el político se lleven unos millones a casa.
Siempre se ha dicho que tenemos los políticos y el sistema político que nos merecemos, así como que el pueblo que olvida su historia está obligado a repetirla.

En estos momentos estamos asumiendo que la crisis va para largo, que las dificultades económicas han venido para quedarse, pero aún no queremos ver toda la realidad, aun pensamos que "si fuera verdad tanto paro cómo se dice, estaríamos en situación de violencia en la calle, y si eso no ocurre es por la economía sumergida, de miles de personas trabajando sin pagar impuestos". Esta teoría es la del avestruz que esconde la cabeza, es no reconocer que la gente es orgullosa, que prefieren pasar hambre antes de que se note que lo pasan mal, y los demás prefieren el "si no veo, no existe el problema, entonces no me preocupo, ni sufro". Cuando se percibe que un familiar o conocido tiene problemas se le evita y problema resuelto.

Pero el caldo de cultivo va fraguando, miles de hogares cuyo única comida es tragarse el orgullo, la rabia, el resentimientos y el odio. En la Alemania de los años treinta pasó algo similar pero más cruel, el dinero perdió tanto su valor que valía más por el peso del papel que por el valor asignado.

Cuando el dinero, ese mecanismo que sirve para consensuar el valor a nuestro trabajo, pierde todo valor, pierde valor el trabajo y las personas pierden los valores que les quedan.

En ese contexto un pintor fracasado,  pero buen vendedor de esperanzas puede contar con el apoyo del pueblo.

Es el momento para los vendedores de esperanzas. Lo reconozco, soy escéptico, no es tema de esperanza, es tema de observar lo evidente. En los momentos de bonanza economía la gente piensa en los derecho de los desfavorecidos, en los momentos de dificultades, la gente como hace la propia naturaleza da prioridad a los fuertes, en los momentos de odio, la gente pide soluciones extremas.

José Enrique Hueso

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