miércoles, 29 de octubre de 2014

La felicidad y la dignidad.

Hola María.

Todos queremos ser felices, pero como cualquier cosa que queremos ser, basta para que avancemos un poco para que el destino se empeñe en ponernos delante circunstancias que evidencian lo que nos falta para andar en ese camino.

El que basta para creer que avanzas para darte cuenta del camino que falta, porque todo lo que ocurra va ha señalar tus limitaciones en esa área, no ocurre por hacer las cosas mal, ocurre por darnos cuenta, por estar en el camino, por estar aprendiendo, por estar en movimiento, por estar vivos.

Creemos que estamos avanzando en estar serenos, que ya no somos susceptibles y cuando menos te lo esperas acabas saltando. Y así en muchas cosas. Llevas años siendo coherente y un día dejas de serlo. Años sin mentir y como Pedro te descubres a ti mismo negando a Jesús, etc.

Aveces perderemos la alegría, la serenidad, pero hay algo que no podemos perder, es la dignidad, y la solemos perder por no valorarnos, por no saber defendernos en una sociedad que funciona con las reglas del glamour, de los depredadores y carroñeros, por amar sin ser correspondidos, por dar a quien no valora lo que damos. Pero la dignidad es algo sagrado, perderla en ocasiones requiere alejarse de todo para recuperarla. Es nuestro norte donde aferrarnos en los momentos de tempestad para recuperar el camino. Camino individual que en ocasiones compartimos con otros, pero individual, como es individual la responsabilidad de que nos vaya bien o mal, ser feliz o vivir amargado, reprochando y lamentando.

Llevamos en nuestro interior las semillas de todo lo bueno, pero las semillas de lo bueno requieren atención y cuidados a diferencia de las de lo malo que basta con dejarlas hacer para que lo invadan todo y maten a las buenas. Por eso el vivir el presente sin principios, ni valores nos lleva a ser campo fértil para las semillas del caos. Vivir el presente con curiosidad y ganas de aprender, teniendo claro el principio de "no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros", que es versión más adecuada para la sociedad/jungla en que vivimos de "amar al prójimo como a uno mismo".

Si podemos disfrutar del presente; estando serenamente expectantes a lo que ocurre dentro y fuera, en una armonía donde todas las vidas existen y se manifiestan sin miedo a ser agredidas, ya no quieres moldear el universo a tus apetencias, ves, sientes el universo en todo su belleza, en todo su movimiento, en toda su libertad, no deseas nada, participas de todo.

Busquemos las semillas de lo bueno y con tiempo y atención, tendremos un buen jardín.

José Enrique Hueso

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