viernes, 14 de agosto de 2015

La libertad del perdón

La libertad del perdón

Una de las herramientas que sirven para liberar es el perdón, perdonar es romper la cadena que te ata a lo que te atormenta, te ofende, te humilla, te desespera.

No hay perdón sin perdonarse, como no hay ofensa sin susceptibilidad. La liberación empieza cuando nos damos cuenta que si en algún momento nos sentimos ofendidos es por nuestra causa, vulnerabilidad y responsabilidad.

El que hiere, y nosotros al cabo del día herimos en algún momento, nos demos cuenta o no, solo por existir ya estamos perturbado el espacio a alguien, toda unidad de vida necesita de un espacio, de unos recursos, de un camino, de una compañía para vivir y evolucionar, en la medida que falte empatia y respeto, los roces y fricciones son inevitables. Ya podremos ser el sirviente más humilde sin querer nada para uno mismo, que siempre habrá gente a quien sin saberlo herimos y ofendemos.

También hay quien hiere y mata a voluntad, estas heridas son más difíciles de curar, pero de nada sirve el odio a estas personas salvo que alimentan más su odio y sed de seguir haciendo daño. Hay quien hace daño y se alimenta de la energía que provocan sus consecuencias, se alimentan del sentimiento del dolor, del odio que generan, con más razón en estos casos es aconsejable romper cadenas, romper cordones ombilicales con los que alimentamos al agresor, el dolor y el odio actúan como la leña alimentando al fuego. No se puede apagar un fuego con más fuego, a no ser que se queme todo lo que pueda arder, ni con más leña que sería la inercia, la sumisión, el dolor, el odio, la indignación, solo se apaga con agua que sería el amor, y con la resolución de que nuestra libertad y dignidad son una prioridad. Aunque nos hayan hecho daño no podemos perder el tiempo ejerciendo de jueces, ya existe el karma para que cada uno coseche lo que va sembrando, nos merecemos ser libres y no hay peor condena que el dolor, nuestra conciencia queda atrapada en el dolor, en recuerdos del pasado, negándonos disfrutar del presente, sus oportunidades y de las personas que nos quieren bien.

El perdón rompe la inercia que eterniza situaciones injustas, o bien se eterniza el estatus agresor víctima, o el estatus pendular de "hoy te hago daño yo y mañana a ver como me agredes tú".

La sensibilidad  y tolerancia al dolor es relativa y personal, todo el mundo puede hablar de lo mal que le va la vida, cualquiera es capaz de justificar su dolor, su herida, incluso su odio.

Las heridas y el dolor es personal y se merecen todos los respetos, pero más allá de la pena y el dolor, ser susceptible, sentirse herido es una puerta a la pérdida de libertad. Es una señal de que somos vulnerables, que ante un problema perdemos la atención, la adaptabilidad para seguir adelante y convertir una adversidad en una oportunidad.

Al margen de situaciones límite, ( la valoración del límite también puede ser relativa), el sentir dolor es una filosofía de vida, hay quien se ahoga en una gota de agua y hay quien se bebe el océano entero, hay quien un poco de calor o frío le atormenta y quien se adapta sin problemas. Hay quien vive en permanente amargura y quien lleva grandes cargas personales y aun tiene tiempo de aliviar las cargas de otras personas sin queja, sin molestias, ni lamento alguno.

Lo importante es ser libres, y no se puede ser libre mientras dejamos las heridas abiertas, mientras nos pesa más el dolor del pasado que la oportunidad del presente,  o no reconocemos la oportunidad ya que nos hemos hecho unas esperanzas muy a nuestra medida, así, vamos perdiendo tren tras tren, esperando el tren rosa, nuestro tren idealizado que nunca llega.

El perdonar libera, pero hay otra modalidad de perdón que aun libera más, el perdonarse a si mismo.

Perdonarte te libera de cadenas que desconocías, no podemos estar en lucha y competición permanente y pretender ganar siempe. Ya que en el fondo sabemos que lo que se gana en lucha se pierde en lucha, lo que se gana en competición se pierde en breve ya que es inevitable que acabe apareciendo alguien que lo haga mejor. Con el tiempo acaba apareciendo un León más joven, más fuerte y más atrevido, con más ganas de jugárselo todo en una carta.

Nos exigimos tanto, y exigimos tanto a los demás que convertimos este mundo en un mundo de frustración, desesperación y depresión.

De niños nos convertimos en exigentes de atención, aprendemos a exigir a los demás para progresar y conseguir, los más inteligentes, saben que si quieren avanzar más tienen que ser autosuficientes, tienen que depender de si mismos, y exigirse a si mismo, para poder estudiar, ser coherentes con un proyecto, alcanzar objetivos.

Pero no nos han enseñado a detenerse para tomar aliento en esa carrera de exigencias y autoexigencias, a saber que no se puede pedir servicio a los demás sin estar dispuestos a compensarlo, a saber que cuando queremos comernos el mundo, es el mundo el que nos acaba comiendo. Que muchas veces no salen las cosas por no saber esperar, por no saber manejar los tiempos, por no saber desacelerar nuestra presión a nosotros mismos y a los demás.

Perdonar y perdonarse nos ayuda a conectarnos con el presente, a la única realidad que existe y que no la vemos al estar atrapados entre deseos, sueños, exigencias, decepciones, frustraciones, añoranzas y esperanzas.

En vez de ver el mundo y las personas como son, con lo bueno y lo malo, preferimos ver a través de etiquetas y clasificaciones, que el mundo y las personas se ajusten a nuestra vista, en vez de ver sin condicionar. Así vamos añadiendo a nuestro particular visión del mundo y de las personas, decepción tras decepción, según van cayendo las capas de ilusión que íbamos poniendo.

Ganaríamos tiempo y disgustos si trataremos de verlo todo como es, con sus miserias y maravillas, tendríamos que desconectar el filtro con el que miramos, un filtro que como el de Correos que clasifica y distribuye a su destino las cartas, clasifica y envía al primer puesto del podium lo que transmite fuerza, glamour, potencia, y envía a la papelera lo que transmite bondad, humildad, sencillez.

La exigencia te ata al objetivo, como el cazador se ata a su presa, el buscador experimentado sabe equilibrar determinación y exigencia con flexibilidad y adaptabilidad. Sabe que el fin y los medios para conseguirlo son uno, un fin de justicia solo se consigue siendo coherente con la justicia.

Es importante llegar, pero sin perder las formas, la educación, los principios, ser capaz de dejar el camino para atender un herido, para un día descubrir que lo que fue una renuncia a nuestras aspiraciones, fue en realidad un atajo, que hemos avanzado más rápido cuando supimos renunciar por una causa mayor, como atender a otra persona.

Adaptabilidad para cambiar el orden de prioridades, nada es más importante que disfrutar de un momento de armonía con la persona que nos acompaña en un momento determinado, cada momento es único, todo puede esperar, hasta conocer la nota armónica del momento.

La constancia, la coherencia son claves para llegar a un destino, pero sin respeto y sin la capacidad de ajustar nuestros pasos con las personas que nos acompañan no iremos muy lejos. La sociedad actual valora lo contrario, la capacidad de renunciar de quienes queremos por un progreso personal, sentimental y profesional. Ser capaz de rebajar al otro para verse más arriba. Deshacerse de quien no está a la altura de unos objetivos, ni anda a la misma velocidad que uno en el área de la vida que nos interesa. El mantran actual es que la gente frena nuestra realización, cuando tenemos las personas y las circunstancias que mejor nos van a ayudar en nuestra Evolución. La diferencia de matiz viene de que realización seria lo que a nuestro ombligo le apetece en un momento dado, y la Evolución es lo que necesita nuestra unidad cuerpo alma para evolucionar en un proyecto que se escapa a nuestra perspectiva. Para evolucionar tenemos todo lo necesario. Para satisfacer apetencias todos los recursos del planeta son pocos.

Por mucha urgencia que tengamos de llegar a alguna parte, no podemos olvidar que el ser humano es una encrucijada de caminos, y que su sentido en la vida es encontrar la armonía en cada instante, en cada circunstancia, en cada rincón, en cada aparente caos.

Encontrar el punto de síntesis y de armonía entre los opuestos, ver lo que une a las dualidades, a veces buscamos respuestas a preguntas trascendentes en libros, en viajes, en experiencias extremas, cuando la mayor fuente de información es uno mismo cuando está atento, cuando está serenamente expectante, para ello hay que aprender a escuchar sin filtros a las personas, a las circunstancias que la vida ha colocado en nuestro camino.

Perdonarse:

Para quien la prioridad sea acumular dinero y estatus social, perdonarse por las veces que ha mirado a otro lado ante el riesgo de ser sensible con las dificultades de otros, y tener miedo de perder lo acumulado.

Para quien la prioridad es acumular conocimiento, perdonarse por las veces que se ha sentido superior a los demás.

Para quien la prioridad es servir a los demás, perdonarse por no poder abarcar más de lo que se puede. Por las veces que ha tratado de ayudar sin preguntar, ni escuchar, y ha "sacado el pez del agua para que no se ahogue".

Por las veces que ha buscado hasta con desesperación a quien ayudar y no ha reconocido la necesidad de quien le acompaña. Por las veces que ha dejado marchitar la flor que siempre ha estado a su lado, por tratar en vano de regar las flores de otros jardines.

Por las veces que aconsejamos de algo y la vida nos evidencia que lo que creíamos nuestro punto fuerte, en realidad es nuestro punto débil, y nos acordamos del refrán:  "Dime de que presumes y te diré de que careces".

Y es que cuando hablamos mucho de un tema es que estamos trabajando ese tema, somos estudiantes de ese tema, estamos en el proceso de conocer, experimentar e interiorizar, no perdamos de vista esto y la humildad que conlleva.

El perdón y el karma

Hay grados de  perdonarse, el más leve libera presión, el más profundo libera karma.

El karma limita y condiciona nuestro avance hasta que comprendamos hasta el último detalle en que nos equivocamos.

Perdonarse nos ayuda a superar las limitaciones impuestas por el karma, el karma tiene planes para que comprendamos las cosas, son planes que se van reescribiendo según nuestra capacidad de comprensión, de voluntad de evolucionar y de la suma de nuevos errores, así como la resta de aciertos.

Por lo que la intención de perdonarse es un inicio de darse cuenta de que queremos un camino más fácil, con más fluidez y menos obstáculos. Que tenemos voluntad de aprender, de descubrir nuevas oportunidades.

Con todo ello vemos que el perdón no existe, solo existe el perdonarse, a nadie podemos perdonar ya que el único responsable de nuestras heridas y de nuestras soluciones somos nosotros mismos.

José Enrique Hueso

15/08/2015
Joseenriquehueso.blogspot.com.es

1 comentario:

  1. Quien per-dona, "dona" algo de sí, como el átomo que se transmuta irradiando. JB

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